LUCHA POPULAR ORGANIZADA

Humberto Tumini.
Humberto Tumini

EDITORIAL

“Para ser fuerte, todo Proyecto Nacional debe tener como sustento la lucha popular organizada”

¿Por qué tuvo la Argentina la posibilidad de intentar poner en pie desde el 2003, un nuevo proyecto nacional que reemplazara al modelo neoliberal instrumentado por los sectores dominantes? Porque en la década del noventa fue creciendo sostenidamente la resistencia de los distintos sectores populares a la entrega de que era objeto la nación, y a la destrucción de nuestra economía que arrojaba crecientes franjas sociales a la desocupación, la miseria y la marginalidad. Lucha que no terminó con Menem, sino que tuvo continuidad cuando el gobierno de la Alianza mantuvo las líneas esenciales del neoliberalismo, hasta dar por tierra con De la Rúa. Gesta que tampoco pudo ser domesticada luego por cambios económicos cosméticos o la represión, como intentó sin éxito la presidencia Duhalde.

 

Todo ese constante y creciente proceso de organización, movilización y confrontación de los sectores populares, que se extendió por casi 10 años -de la Marcha Federal de 1994 hasta el recambio presidencial del 25 de Mayo del 2003- esmeriló la hegemonía de las clases dominantes y su predominio ideológico; desgastó la representación política de los partidos tradicionales, de los que se valieron los factores de poder en el período democrático abierto en 1983 para aplicar el modelo neoliberal; y arrastró a éste y a sus principales conceptos a un fuerte desprestigio en la sociedad

 

Esa fue la base para que Néstor Kirchner, que no tenía fuerza política propia de extensión nacional al momento de las elecciones, que tuvo que ir  a las mismas aliado de Duhalde para poder afrontarlas con cierto despliegue territorial, y que apenas arañó en primera vuelta el 22% de los votos, pudiera encarar con posibilidades ciertas un proceso de transformaciones del país. Fue la lucha organizada del pueblo argentino la que le brindó esas posibilidades; cuestión que él pareció tener presente en sus primeros dos años de mandato.

 

No obstante a partir de allí pasaron a predominar otras ideas respecto de cómo, supuestamente, también era posible hacer otro país. Uno “en serio” como gustaban de caracterizarlo. Por lo pronto y evidentemente, consideró Kirchner que los cambios necesarios para tener otra Argentina no necesitaban ser tan profundos, en particular en lo que a redistribución de la riqueza y a fortalecimiento del Estado se refiere, en un mundo que caminaba en un sentido claramente favorable a nosotros. 

 

Desde esta equivocada idea, tal como la realidad se ha encargado de demostrar, ya la organización y lucha popular dejaron de ser valoradas. Fueron reemplazadas por la búsqueda de aliados entre los sectores concentrados -la “nueva burguesía nacional”- que traccionaran la economía, en la dirigencia sindical tradicional que garantizara gobernabilidad y tranquilidad social, y en la dirigencia política del PJ -y en parte de la radical- a los efectos de conservar el necesario peso electoral. No fue lineal ni abrupto este giro, sino paulatino y muchas veces contradictorio, pero esencialmente fue así -el símbolo mayor, el desembarco de Kirchner en la presidencia del Justicialismo- y tuvo como consecuencia el vaciar de posibilidades transformadoras al proyecto iniciado seis años atrás. Las elecciones del 28 de junio pasado hicieron visible en la sociedad esta realidad, que había empezado a cobrar cuerpo bastante tiempo antes.

 

De lo que se trata ahora entonces, es de reconstruir un proyecto nacional capaz de aprovechar las condiciones que siguen siendo favorables tanto en el mundo como en la Argentina, para hacer en definitiva un país mejor, desarrollado, más justo y equitativo. Pero para ello hay que grabarse a fuego lo que fue posiblemente la limitación política e ideológica más significativa del kirchnerismo, y la que lo llevó al fracaso: no confiar ni apoyarse en la movilización, la organización y la lucha de nuestro pueblo. No tendremos la fortaleza necesaria para hacer naufragar los intentos -visibles por otra parte- de los sectores dominantes de reinstalar el neoliberalismo, menos de construir luego de ello una nueva nación, si no tomamos esto en cuenta. Toda construcción política que intente sustentar los intereses nacionales, será sólida y tendrá posibilidades sólo si se apoya en la lucha popular.

 

Lucha que hay que desplegar desde ahora mismo. Contra los intereses de los poderosos cuando intenten avanzar una vez más sobre nuestras conquistas; y también enfrentado al gobierno nacional, los provinciales y/o municipales, cuando sean ellos los que en definitiva contribuyan a afectar los intereses de las mayorías, por acción u omisión. Por una justa redistribución de la riqueza que acabe con el flagelo de la pobreza, por la nacionalización de los recursos naturales estratégicos, por un Estado fuerte y eficiente que intervenga en la economía y la regule, defendiendo el medio ambiente, los derechos humanos, la transparencia institucional y la participación democrática, como así también las libertades y derechos de todos y todas.

Se ha iniciado una etapa de pelea en la Argentina para los sectores populares, hay que organizarla y desplegarla como tantas otras veces en nuestra historia. Es sobre ese sustento que hay que reconstruir las fuerzas políticas nacionales. 

 


 

 

 

 


 


Movimiento Libres del Sur

Humberto I° 542 (San Telmo)

Ciudad Autonoma de Buenos Aires - Argentina